Comprar mucho y barato, no importa a qué precio social

Hace unas semanas, el periódico noruego Aftenposten daba luz a una de las miles de historias que pueblan las fábricas textiles de grandes marcas europeas y americanas en Asia. Es la historia de Sokti, una joven trabajadora textil de H&M en Camboya. La versión televisiva del periódico ofreció a Frida, Ludvig y Annika, tres noruegos de entre 17 y 20 años, participar en el programa Sweat Shop, con el fin de conocer de primera mano cómo y quién confecciona las prendas en las que tanto dinero gastan.

Los jóvenes son guiados por Sokti durante el primer reto del programa, que consiste en trabajar un día en la fábrica de H&M en las mismas condiciones alimenticias y de descanso que el resto de los trabajadores. Al acabar la jornada (de 12 horas) cobran 3 euros, al igual que los demás. Su actitud inicial es representativa de lo que gran parte de la sociedad occidental piensa al respecto de las noticias que eventualmente aparecen en los medios de comunicación: “Para nosotros sería muy duro, pero ellos no conocen otra cosa… ellos están acostumbrados. Seguro que son felices así.”

Pero llega un punto en el que la realidad cae como un jarro de agua fría sobre las conciencias de los noruegos. Sokti no es feliz, nadie podría serlo en su situación de malnutrición y de inseguridad laboral. Los trabajadores de la fábrica piden únicamente un sueldo mínimo de 140 euros al mes y mejores sillas. No hablan de vacaciones, ni de seguros médicos, ni de limitar las largas jornadas de trabajo, ni de descansos, ni de una comida digna que les dé fuerza para seguir adelante. La respuesta siempre es una represión violenta y brutal de la policía.

La concursante Annika, una de las blogueras de moda más exitosas de Noruega, es la primera en darse cuenta de que la joven camboyana no es en absoluto diferente a ella y de que es urgente que se tome conciencia en Occidente de aquella monstruosa injusticia. Ahora dirige en su país una dura campaña de denuncia social contra H&M, incumpliendo la cláusula que firmó con Aftenposten de no revelar el nombre de la marca y desatendiendo sus consejos de callar.

Pero lo cierto y terrible es que H&M es “de las mejores”, según rankings internacionales independientes, como Las Compañías más Éticas del Mundo o el Índice de Sostenibilidad Dow Jones. ¿Qué esconderán aquellos que no permitieron entrar a Sweat Shop en sus fábricas? ¿En qué condiciones se trabajará para las marcas que se encuentren al final de los rankings? Aftenposten ha desvelado una realidad que asusta.

Mientras tanto, la gente en Occidente calla y compra. Mira hacia otro lado cuando casualmente llegan a sus oídos las humildes súplicas de quienes sufren las necesidades consumistas de esta sociedad hipócrita. Su pobreza es el precio que no pagamos.

Enlace al documental “Sweatshop: moda barata de la muerte”, de Aftenposten